martes, 4 de diciembre de 2012

PREGÓN DE NAVIDAD 2012






Grabación del pregón



PREGÓN NAVIDEÑO DE SAN JUAN DE DIOS

Porque quien siembra navideños pregones,
recoge frutos de paz.
Quiero comenzar el pregón con esta angélica exclamación:
“Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los que ama el Señor”.


                   Hay cierto paralelismo entre una idea de gloria y una idea de paz.  Pero lo cierto es que gloria y paz parecen confluir y fundirse en un mismo significado.  El texto angélico nos evoca un cierto estado interior y una feliz situación idílica exterior que lo abarca y lo llena todo.  Un deseo, sin duda, que en estos próximos días nos auguramos como lo mejor que podemos ofrecer a quienes más queremos. 

                        Conozco una familia, de Nazaret, Belén o Gran Canaria, da igual, que en el colmo de su pobreza, han perdido en poco tiempo lo que para ellos constituía sus mayores esperanzas, su seguridad y su unión natural.  Me refiero a una familia formada por el padre, la madre y once hijos. Pequeño gran belén, con muchas figuras rotas.  Poco sitio en la posada.  Más de la mitad de los hijos acogidos fuera del hogar.
                        Eran pobres de solemnidad, aunque más que pobreza allí había miseria.  Pero no faltaba amor.  En esta familia no había mucho pan, pero, a su modo, siempre había fiesta.  Mientras hoy ve uno familias donde no hay fiesta, aunque haya mucho pan.  Es curioso: Bethlemn, significa “tierra del pan”, casa del pan, y también significa “la fértil”.  Pan sabe a paz. Y la paz, sabe a pan.  Pero también Belén quiere decir: “ciudad de la carne”… Y no es extraño que por sus cercanías hubieran rebaños y pastores. A una concentración de estos últimos se aparece un ángel: “Gloria a Dios y paz”.  Acaso la paz que el ángel prometía, iba sólo o preferentemente destinada a las personas “de buena voluntad”. 

                        Siguiendo con la familia de quien les hablaba, su penosa historia familiar es larga. Una historia más de una población nuestra que aglutina pobreza cultural, mas pobreza económica, mas pobreza generalizada.  El motivo de traerla a cuento es porque en menos de un año y por diferentes motivos han fallecido el padre de cáncer, un hijo encontrado muerto en el campo a los cuatro o cinco días, otro hijo una semana después y la madre que fallece hace pocos meses.  Hay otro hijo grave, de cáncer terminal.
                        ¿No es éste, acaso, un belén natural viviente, que concentra en el mismo el nacimiento, la vida, la pasión y la muerte de Jesús en el idéntico espacio que nosotros ficticia o simbólicamente recreamos para en estos días revivir en nuestros hogares aquel acontecimiento histórico que cambió el mundo y marcó un antes y un después a la historia viva de la humanidad?

                       
                        Cuando fui invitado por la “Asociación de Belenistas Canarios SJD” para ser el pregonero de este año ante vosotros, no me podía imaginar que pudiera hacerlo dignamente sin referirme singularmente a aquellos que son el motivo primero de mi dedicación de por vida en este camino maravilloso de la hospitalidad de San Juan de Dios, en el que este año, que empieza pronto, voy ya a cumplir 50 años que profesé para siempre seguir a Jesús y sembrar, como El, misericordia haciendo el bien a aquellos que la vida destroza más, los que casi nadie quiere, los que justifican más que aunque “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”, por eso mismo, “a éstos los llenó de gracia y de verdad”.   A ese gran belén, que en nuestra sociedad lo forman los pobres y los necesitados, los verdaderamente amados por el Señor, voy a dedicar lo que con este motivo me han encomendado pregonarles esta noche.
Yo nací aquí al lado, en la calle Reyes Católicos, por ello me emociona estar en estos momentos en esta hermosa y artística Casa de Colón, donde me enorgullece tener el honor de evocar esta noche el acontecimiento más importante en la historia del mundo: la presencia en la tierra de Dios hecho hombre.

Recuerdos navideños de la infancia.
Para mejor personalizar este trabajo, voy a rememorar un poco de los nacimientos de mi niñez, de aquella sencilla ingenuidad de mis primeros “portales de belén”.  Hacia finales de los años 40 del siglo pasado, yo era niño y mi padre tenía amigos con coche que en diciembre le acercaban al campo, de donde traía pequeños helechos, musgos, piedras y tierra, desde Valleseco, San Mateo o cercanías.  Acaso por allí se tomarían sus vinitos y enyesques.  Se guardaban en casa hasta que nos daban las vacaciones en el colegio.
Luego, con mi abuela, preparábamos el nacimiento: Todo valía, las mesas, cajones, cajas, tablas… se sacaban las figuritas de las cajas donde se guardaban con serrín del año anterior, las casas de corcho, ovejas, cabras, pastores, ángeles, la estrella de Belén que se colgaba de un hilo y pendía de la escalera, se ponían las montañas de alcornoque, poníamos un espejo viejo de mi coqueta tía para simular agua, sobre el que se colocaban patos y otros bichos que fueron rompiéndose y desapareciendo con los años.  Las luces se encendían cuando venía alguna visita, para presumir.
Recuerdo que a mi hermano mayor le entró dudas sobre la verdad de los Reyes, y colocados los zapatos para que los Magos supieran… vio salir esa noche a mis padres cuando nos suponían dormidos y regresaban de madrugada con los Reyes. Y entonces mi hermano de vigía, nos avisaba a mi otro hermano y a mí, que dormíamos en la misma habitación y… la función festiva se adelantaba.  Yo entonces padecía asma y recuerdo que un año, el mejor y único regalo de Reyes fue una caja de medicación nueva para curarla, que acababa de salir.  Fueron los mejores Reyes de mi vida.
Con mi hermano mayor participábamos por navidades en las Adoratrices de Fernando Galván, como monaguillos del capellán D. Pedro, que no podía con su alma y arrastraba los pies al caminar.  Mi hermano se tomaba el vino que sobraba en la vinajera y los dos la escudilla de leche con recortes de hostias que nos ponían las monjas. Eramos los “sobrinos de la Madre Pino”.  Luego teníamos los oficios en la iglesia de Santo Domingo, donde éramos monaguillos de D. Mariano el cura, con Salvadorito en la sacristía.  Hasta aquí las únicas alusiones personales.

¿QUÉ ES UN PREGÓN?
Según el diccionario Espasa-Calpe, es “la promulgación o publicación que en voz alta se hace en los sitios públicos, de una cosa que conviene que todos la sepan”.  Es popularizar, extender, divulgar una cosa.
Un pregón religioso navideño habla de los recuerdos y las experiencias del extraordinario misterio del nacimiento de un Niño y del significado que tuvo la irrupción de Dios en el mundo.  Y aunque hoy me vaya a referir más a las figuras rotas del belén, este Pregón se extasía mirando asombrado a la figura más hermosamente tierna de la historia: el Niño Jesús recostado en un pesebre.

De la figura de María, que nunca es figura rota pues ya San Juan de Dios la llamaba “la siempre entera”, y la del varón justo y piadoso, el bueno del señor José, a quien varios hospitalarios santos han colocado siempre en la titularidad de múltiples hospitales y centros dedicados a la misericordia, porque San José nunca estuvo roto, ni rompió el sueño de Dios, ni abandonó el cobijo de María y de Jesús.  Y dentro del Belén, todo un mundo de ángeles, pastores, estrellas y perspectivas que colocan a unos Reyes Magos en búsqueda orientada del único Rey de reyes.  Sentimos, sobre todo en estos días, una permanente llamada a la autenticidad, a la sencillez y a la humildad.

No he asistido nunca a un pregón navideño ni sé cómo se construye mejor esta pieza literaria, pero desde lo que quiere brotar limpio del corazón, voy a tratar de contarles la sencilla historia de los mejores belenes de San Juan de Dios.

SAN JUAN DE DIOS, figura excepcional del Belén de la misericordia.
                        La primera figura es el mismo santo de los pobres, el humilde Juan de Dios:  ¿por qué se mostró como demente, loco, pobre, despreciado, desfigurado de tanto contacto con la soledad y el dolor humano?   Se arrimó a las figuras más destrozadas por la vida: los locos, maleantes, desgraciados, prostitutas… ellos fueron los primeros.  En la calle Tundidores, de Granada, cuenta una tendera en el proceso de beatificación, que “reunía niños callejeros de quince o veinte en veinte y los vestía y calzaba.  No había necesidad que no remediase”.  Recompuso y dio dignidad al pobre, enfermo y abandonado.  Su belén viviente lleva quinientos años reproduciéndose en cada hogar hospitalario juandediano.
                        En el colmo de su amor a los pobres, se mostró siempre con un crucifijo en la mano y así vivió a los pies de los más necesitados.  Por ello el Señor premió su muerte de un modo admirablemente nunca visto: arrodillado, a los pies de la cama, y abrazado al crucifijo, el verdadero amor loco de su vida. Era el 8 de marzo de 1550. Desde entonces, Juan de Dios es hogar y es familia, es pan y es amistad, es salud y es ansias de vivir.

                        Nuestro Hno. Jacinto del Cerro, en su Antología poética, tiene unos versos que son estampas hospitalarias navideñas, en su poema titulado: “Junto a la cuna”, del que recojo la mitad del mismo por su belleza plástica:
            Allí tiene a los lisiados
            junto a la gran chimenea,
pues hogar, templo y piscina,
es su hospital de la cuesta
donde todos buscan techo,
donde todos hallan cena,
donde curan sus heridas
y alivian todas sus penas
los pobres de la ciudad,
de la vega y de la sierra.
Y por eso Juan de Dios
se alegra esta Nochebuena
al ver que toda la casa
está de pobres repleta
cantando al pie de la cuna
coplas de alegría plenas,
diciendo al Niño Jesús
plegarias dulces y tiernas
que llegan hasta los cielos
al compás de las panderas
y el sonreir de la Virgen,
mientras al Niño cunea
y le velan los querubes
y le besan las estrellas.
            Así pasa Juan de Dios
la noche de Nochebuena:
adorando al Buen Pastor,
y cuidando sus ovejas.
Apostolado y misión
leyenda de su bandera,
curar cuerpos, salvar almas,
calmar ayes y tristezas,
señalar el cielo a todos
al conjuro de su lema,
“por los cuerpos, a las almas”,
vida y afán de su empresa.
Y cuando suenan las dos
de la noche navideña
y repica la campana
de la torre de la Vela
y, ya duermen los enfermos
y ya callan las panderas,
Juan se postra de rodillas
y su crucifijo estrecha
ante el dulce portalico
de su hospital de la cuesta,
y le dice fervoroso
mientras le adora y le besa:
            Mi Jesús, mi dulce Dueño
            y Señor de mis empresas.
            Dame pobres, dame enfermos
para servirte en la tierra;
dame almas, muchas almas,
para cantarte con ellas…

                        Hay figuras vivas de Hermanos, que en nuestra historia de la Orden Hospitalaria han destacado por su reconocida santidad de vida, entre un ejército de bienhechores y mártires de la hospitalidad: los santos Juan Grande, Benito Menni, Ricardo Pampuri, y los 71 beatos mártires de nuestra guerra civil pasada, José Olallo, Eustaquio Kugler y, en octubre del año que viene otros 24 Hermanos mártires españoles. Son figuras universales de la Iglesia, del gran Belén del santoral cristiano.  Todos ellos marcados con el signo de la misericordia.  Han constituido el belén más llamativo: los que, como Jesús, “pasaron por el mundo haciendo el bien”.

LOS HERMANOS DE SAN JUAN DE DIOS, 
BELENISTAS DESDE SIEMPRE
             Desde siempre los Hermanos de San Juan de Dios cuidaron de los humanos como de las mejores figuras de Dios, en ellos veían impresa la imagen de Jesús, y por ello se les dio tan bien a lo largo de la historia el tratar con humanidad y gran caridad a las personas que lo pasaban mal en la vida.  Siguiendo el ejemplo del Santo fundador, que “se desvencijó” por el prójimo, y “le quebraba el corazón” ver tanto dolor humano acumulado en lugares y momentos  difíciles de su existencia, además de hacer el mejor Belén posible en las personas concretas, trataron de reproducir esos otros belenes hechos a la medida del corazón.

            Cuatro años después de canonizar a Juan de Dios, es decir, en el año 1694, tenemos bastantes letras de villancicos que se cantaron en Maitines, durante la Navidad, en el Hospital San Juan de Dios de Cádiz. Me he permitido escoger sólo esta estrofa:
“Que aunque más frío haga,
mi Niño hermoso       
                        ha de estar esta noche
                        como un horno”.
Históricamente tenemos constancia de Hermanos concretos que fueron verdaderos artistas, no sólo como enfermeros, boticarios, limosneros, médicos o creando ciudades y universidades, sino también como escultores y  realizadores de magníficos nacimientos que admiraban los propios enfermos y los familiares y simpatizantes de la Obra de San Juan de Dios. De entre ellos, entresacamos hoy a tres Hermanos de nuestra historia y nombramos a otros que en la actualidad mantienen aún vivo el arte del Belén o Nacimiento.

            Según aparece en el Necrologio de los Hermanos de la Provincia Bética, que es el libro donde se inscriben algunas anotaciones destacadas de los Hermanos después de su muerte, transcribimos estas tres notas:
            1. Hno. Francisco Blanco, “enfermero, sacristán y hábil escultor. Hizo un nacimiento con tantas y tan bonitas figuras que fue la admiración de la ciudad de Granada.  Falleció en esta ciudad en opinión de santidad el 17 de febrero de 1613”.
            2. Hno. Federico Argüello Martínez. “Siervo bueno y fiel, destacó siempre como excelente enfermero, y dado su carácter jovial y alegre, llegaba mejor a todos, sabiendo tener para con todos frases de aliento y consuelo.  Dotado de una sensibilidad artística y sentido estético, fue excepcional en el arte del belenismo.  Fue siempre considerado como el impulsor de este bello arte en nuestra Provincia Bética y considerado el maestro de nuestros aficionados belenistas.  Colaboró en la organización y fundación de las nuevas casas de Jerez, Córdoba, Granada y Sevilla.  Enviado a América en 1950, fue enfermero mayor en nuestra Clínica de Caracas y organizador de la fundación de nuestro Hogar-Clínica de Lima.  A la edad de 64 años y 35 de vida religiosa, murió en Jerez de la Frontera, el año 1960”.
            3. Hno. Juan José Domínguez Cuerva. “Religioso que dedicó muchos años de su vida religiosa al servicio de los enfermos epilépticos de Ciempozuelos (Madrid).  Se distinguió haciendo hermosos belenes.  Falleció en este Centro el 22 de diciembre de 1986”.
            4. Hasta muy recientemente, ha destacado como gran realizador de nacimientos el Hno. Ernesto Ruiz Ortega.  Sus belenes fueron famosos cuando era superior en Tenerife (1959-62) y en Las Palmas (1970-74).  Pero también lo fueron en Arequipa (Perú) y en Maracaibo (Venezuela) donde también fue superior en aquellos Hogares-Clínica.  Su arte ha sido difícilmente superado por otro Hermano o colaborador, y era muy celoso de que no se conociesen los secretos de cómo los realizaba. Sólo él y el electricista conocían los entresijos. Falleció el año 2003.
            5. El Hno. Sebastián Fernández Alonso, santanderino, actualmente en el Hospital San Juan de Dios de Caracas (Venezuela), es de esos Hermanos más ilusionados y enamorados de confeccionar hermosos belenes y de dar a conocer sus secretos para que otros aprendamos.  Con paisajes muy originales y con trucajes especiales y una señalada iluminación que le hacen ser de los más valiosos.  Los ha hecho hasta hace poco pues ya ha cumplido los 90 años.
            6. En la actualidad destacan los Hermanos José Borrego, Juan de Dios Orquín, Antonio García, Joaquín Sanz, Manuel Armenteros y otros muchos que acaso siendo más sencillos en su arte, no son menos artísticos en su voluntarioso deseo de mantener viva esta tradición que forma parte  del quehacer propio del Hermano Hospitalario que en todo, también en esto, busca hacer el bien, bien hecho.

Mis Hermanos de San Juan de Dios en Las Palmas han destacado como buenos hacedores de nacimientos: en Triana, en la Plaza de San Bernardo, en Néstor de La Torre, pero, sobre todo, en la Ciudad de San Juan de Dios de El Lasso para que los visitantes y los niños de los colegios suban a ver esa magnífica Ciudad de la alegría y la esperanza, pero durante los dias navideños para que admiren el excepcional nacimiento tradicional popular que realizan los Hermanos y sus colaboradores.  No dejen de visitarlo y, particularmente, vean la diaria obra de amor que allí se realiza con los niños más necesitados, con los adultos que reciben diaria rehabilitación y con las más de doscientas familias que van a recibir bolsas de comida en estos tiempos de hogares tan escasos y tan pedigüeños. Estos belenes recientes y los primeros, realizados con elementos más sencillos y sin complicaciones efectistas, en su armonía y belleza elevan la simple estampa del belén clásico,  a la categoría de verdadera obra de arte.

Hay una actividad navideña que se repetía por aquellos años en nuestros múltiples centros atendiendo a los niños afectados de polio, y era la inestimable y generosa colaboración de los medios de comunicación social con la Obra Benéfica de San Juan de Dios. 
La popularidad del limosnero Hno. Bonifacio Bonilla, se vale de Radio Córdoba para dar rienda suelta en aquella provincia a las famosas “Subastas de la Caridad”.  Se subastaban borregos, cerdos, pavos, perdices...  Al Hno. le ofrecían donativos si cantaba algún villancico o si recitaba graciosas poesías.  La radio, y su locutor López Cansinos, prestó una gran ayuda a la Orden Hospitalaria en beneficio de los niños del Hogar-Clínica San Rafael. 
En Granada, con la “Subasta de Ilusiones”, alentada por el locutor José Real, se derrochaba ingenio y simpatía para ayudar la población a los niños necesitados.
En Cádiz, los Hermanos repartían juguetes, ropa y artículos de imprescindible necesidad, por las casas de los niños enfermos y lisiados.  Jerez vio a los Hermanos en corridas de toros al efecto, pidiendo persona a persona, dando así la vuelta al ruedo para recoger donativos.  Y Sevilla movilizaba a los periodistas con carretillas por las calles porque las limosnas hacían posible multiplicar la asistencia a los niños desvalidos. Y Sevilla entera se volcaba con San Juan de Dios.  
En Tenerife, fueron famosas aquellas Caravanas “Hartanga gigante”, de Radio Juventud de Canarias, animadas por el excelente locutor César Fernández, que transportaban a la Clínica Infantil San Juan de Dios los productos alimenticios donados por los radioyentes con motivo de la Navidad.  Y luego también llevaban los regalos de Reyes de la Feria de Ilusiones para los niños.  Eran verdaderas fiestas de la caridad y todo el pueblo participaba y llenaba el recorrido y la esplanada de la Clínica.
En Gran Canaria, las proclamas radiofónicas vinieron siempre de la limpia voz amplificada de Mara González, que desde Radio Las Palmas concretaba y alentaba la generosidad de los canarios para las “Campañas de San Juan de Dios”, sobre todo en primavera.
Me gustaría aludir, mirando ahora a nuestra tierra, que cuando en el recorrido belenista de los días navideños nos ponemos a valorar los lugares mejores donde encontrar ese Belén más novedoso y más original, tenemos que pasarnos necesariamente por el Museo de Piedra de Agüimes, para ver una recreación canaria del misterio, entre bordados artesanos e imágenes reunidas por la piedad de Carmelo Gil Espino, un buen hombre ya fallecido el año 2004, que fue aspirante a Hno. de San Juan de Dios y acaso en su hogar desde pequeño, y entre los hospitalarios, aprendió el arte de hacer nacimientos.

Quisiera incluir aqui y ahora, que en estos días se ha formalizado la integración con la Orden Hospitalaria de los Hermanos del Buen Pastor, religiosos que tienen obras hospitalarias y sociales en EE.UU., Canadá, Inglaterra y Haití.

Un Belén es más Belén si tiene figuras rotas...
          y si en tu corazón notas,que Jesús es paz y bien.
Me gustaría ahora reproducir el “retablillo de las figuras defectuosas del Belén”, una composición de cinco villancicos con niña subnormal al fondo, que Fernández Pombo supo gráfica y tiernamente expresar:
I. Villancico del pastor cojo.
Se me cayó, ya hace un año,
el pastor que más lucía
cada vez que le ponía
al frente de mi rebaño.
Perdió una pierna, su daño
me hizo daño a mí también...
(Como un pastor de bien,
aun de barro, va llegando
-a trancos y cojeando-
mejor que otros a Belén).
II. Villancico del pastor ciego.
            - Dicen que Dios va a nacer;
            ¡mal haya con mi ceguera,
            no he de ver la Primavera
            aunque la quisiera ver!
            - A tientas me he de mover
            y palparé la alegría;
            el amor será mi guía
            para llegar al Portal...
            (El pesebre fue fanal
            de luz... ¡Y el ciego veía!)
                        III. Villancico del pastor sordo.
                                   - Sordo en mi barro cocido
                                   no puedo oir el rabel
                                   que estáis tocando por el
                                   Zagal en Belén nacido.
                                   - No oigo el viento, ni el balido
                                   del cordero, ni el silbar
                                   de la honda al restallar,
                                   ni el agua en la torrentera...
                                   (Y en medio de su sordera
                                   escuchó al Niño llorar.)
IV. Villancico del pastor tartamudo.
            - Diré “tri”, “tri”, y, al fin, trigo.
            - Diré “cor”, “cor” por cordero.
- “Pan”, “pan”, diré por pandero;
¡Todo en pedazos lo digo!
- “Be”, “be”, por Belén, consigo
aclararme a la tercera...
¡Con mi lengua no hay manera,
cada palabra son dos...!
            (Fue al Portal y dijo DIOS
de una vez y a la carrera.)
            V. Villancico de la niña subnormal.
Preparo el “belén” muy mal
que una niña no me deja.
Se empeña en poner su oveja
en el centro del Portal.
¡Ay, la niña subnormal
que no sabe apenas nada...!
(La reñí con la mirada
y cuando estaba llorando
vi a Jesús acariciando       
la oveja mal colocada.)

Que lo sepas, amigo mío: Si vas a un hospital y a enfermos ves en la cama, es Jesús el que te llama para sembrar amor total.

La verdadera navidad.  En primer lugar, la Navidad es un principio de vida que lo inunda todo, que da sentido a todo.  Lo central en Navidad es Jesús que se encarna, que viene a nuestro mundo y se mete en nuestras vidas.  Esto es lo importante.
            Después vendrá la atención a los pobres, la visita a los enfermos y marginados, las celebraciones en familia.  Si no es así, acaso no alcancemos a sentir el paso del Angel que anuncia la llegada del Mesías.
            Se acerca Navidad: Navidad es cada día.  “En Belén tocan a fuego, del portal sale la llama, es una estrella del cielo que ha caído entre las pajas”.  Si queremos recibir la luz, tenemos que abrir los ojos.  Y poner la atención en lo que está sucediendo.  Acoger a Cristo en las reuniones de familia, en las visitas a los hospitales, en la cercanía a los necesitados, acogiendo la mirada de Jesús y siendo la mirada misericordiosa de Dios para los que nos rodean.  Que seamos capaces de ver “huellas celestes por el suelo florecido, como un cielo invertido”, que decía Juan Ramón Jiménez…

            Las figuras del portal son como el deseo de hacernos participar, en nuestra personal historia concreta, de ese acontecimiento que divide en dos la historia de los humanos.
            En el nacimiento buscamos representar esos pasajes que ya son característicos, una vez que damos la centralidad del mismo al Misterio: José, María y Jesús en la gruta.
Representamos: La encarnación, el anuncio a los pastores, la visita de María a Isabel, el asesinato de los niños por Herodes, la huida a Egipto, y otras muchas escenas como la vida de Nazaret, la carpintería de José, la purificación de María y presentación del Niño, Jesús perdido en el templo…
            Estas escenas bíblicas no suelen faltar nunca en los nacimientos populares tradicionales de los Hermanos de San Juan de Dios.  Forman parte de esas catequesis bíblicas anuales que durante el último mes del año en la etapa navideña se muestran a cientos de familiares, enfermos, niños, amigos y simpatizantes de la Obra Social de San Juan de Dios.
            La finalidad de los mismos belenes era: Visitar el hospital como obra de misericordia, conocer la labor humanitaria que se hacía sobre todo con los niños, ejercer la caridad con los pobres, dar limosnas, admirar belenes artísticos y monumentales, enseñar a vivir la Navidad hospitalaria y servir de catequesis al pueblo sencillo.

            La Nochebuena es para muchos, hoy, la noche del pobre que no cena.  Como casi todos los días.
Pero la nuestra debe ser la más mágica noche, en que Jesús vino a nacer vestido de pobre, sin otro atavío que el amor con derroche.
            Por ello debemos acercarnos cada día a brindar con la sonrisa y la alegría desbordante, con el perdón y la ternura dedicados en exceso a los que la vida sólo brinda dolor y amargura.
            Porque la Navidad es gracia y pan, energía y luminosa claridad, la luz y fortaleza de que todo lo pequeño se agranda si tiene a Jesús como figura central.  La Navidad es, como era en el corazón de Juan de Dios, es fiesta interminable, es gozo imposible de narrar, es paz que supera todo dolor y tristeza.  La que quiero desearles a cada uno de ustedes porque les considero “de buena voluntad”.

Me van a permitir ahora incorporar otros ocho villancicos, recién elaborados, que completan el “retablillo de las figuras defectuosas del Belén”:
VI. VILLANCICO DEL PASTOR MANCO
Manco me he quedado
de tanto apoyar la vara
de tanto ver que prepara
mi paso firme en el prado.
Nunca antes había amado
los brazos que Dios me dio
como ahora, que quiero yo
coger al Niño divino
que me tiene perdido el tino
desde que El me abrazó.
VII. VILLANCICO DEL PASTOR ROTO
Un belén no se construye
sin tener limpia el alma
sin sembrar con nuestra calma
la paz que nunca huye.
No me digan que no ponga
más, mis figuras rotas,
cogí cariño a mi belén
y ya ninguna figura sobra
que hasta el pastor roto recobra
la esbeltez de su figura.
VIII. VILLANCICO DEL PASTOR DROGADO
A mí me da que este año
con la crisis que ha tocado
mi belén se verá dañado
y a mí me alcanzará el daño.
La droga me tiene muerto:
mi rebaño dispersado,
los amigos me han dejado
y sigo buscando un belén
que logre ponerme bien
de ser un desesperado.
IX. VILLANCICO DEL PASTOR CORCOVADO
Con la espalda jorobada
mi pastoreo se endurece
porque el trabajo crece
y mi corcova más abultada.
¿Y si cargando una oveja
la llevase yo al portal
y cogiendo al Niño zagal
los juntase con presteza
acaso tenga la certeza
que mi chepa no es igual?
X. VILLANCICO DEL PASTOR BORRACHO
El agua de mi belén
desde la montaña me viene
que es como el alma, que tiene
borbotones que no se ven.
Cristalina y fresca y fuerte
avanza entre musgos verdes
tan hermosa y transparente
salvo si la ves como vino
transtornando mi destino
y emborrachándome de muerte.
XI. VILLANCICO DEL PASTOR LOCO
He perdido la cabeza entera
buscando a un perdido ratón
que ha destrozado un montón
las figuras de mi pradera.
Mis ovejas están movidas
incluso las locas, un poco
y yo me vuelvo loco, loco,
y cometeré un disparate
si sigo loco de remate
y si a Jesús yo no le toco.
XII. VILLANCICO DEL PASTOR QUE SOY YO.
Mi vida casi es un desierto
donde es difícil que nazca una flor;
¿y si en el desierto de mi corazón
viese yo crecer un huerto?
Ahora entiendo que Navidad
no es sólo el 25 de diciembre
sino cada vez que siembre
paz para la humanidad
y fomente la hermandad
en los pobres que yo encuentre.
XIII. VILLANCICO DEL PASTOR EN LA CUEVA
He llegado ya al Misterio
y no encuentro techo a la cueva
arrimaré mi alma llena
de amores y de desvelos.
La Virgen está alborotada
José se ha quedado mudo;
y el Niño, pedazo de cielo,
me recibe como vino, desnudo.
¡Bendito pastor llegado,
qué nacimiento que tuvo!

Un pregón es belleza literaria, es estética del lenguaje, pero es, sobre todo, amalgama de deseos y un recorrido hasta las estrellas, como a esas que vemos multiplicadas en el cielo de los belenes juandedianos.  Pero yo no quisiera que nos quedáramos sólo con las florituras del pregón.  Me gustaría que hoy fuésemos capaces de descubrir el hondo sentido de los belenes vivos de nuestra sociedad.  Miremos a nuestro alrededor. Hay demasiadas figuras rotas, pero, de las de verdad.  Estemos más que nunca al lado de los más necesitados.  Hagamos hueco en el hogar y en el corazón para que aquel que lo está pasando mal en la vida nos encuentre más cercanos y más hermanos.

La única verdadera Navidad es la que se amasa de bondad y de ternura, de calor humano y de acogida fraterna, de solidaridad y de respeto a la vida y a la dignidad de cada ser humano y de elevación de ese espíritu humano a todo lo que trasciende el corazón: la presencia viva de Jesús que sólo ha sido necesario en este mundo para enseñarnos el amor.   Cantemos la alegría de ser hijos de Dios y hagamos fiesta porque está vivo dentro de cada uno de nosotros.  Que la hondura de nuestro amor se conozca por la manera de partir el pan de la bondad.

Este es el compromiso de mi pregón: Que todo Belén, tierra y figura del pan, nos anime a vencer el hambre compartiendo lo que tenemos y a dar dignidad a los excluidos del mundo, “a las figuras rotas de este gran Belén viviente universal”.  
Estoy cumpliendo en estos días cincuenta años que comencé en este camino como novicio hospitalario y doy gracias a Dios porque se fijó en mi deseo de ser fiel a su voluntad y me ha colmado en todo este tiempo de la misericordia del loco de Granada, Juan de Dios.    Voy a concluir, si me permiten, con un bello villancico hospitalario que un médico se atreve a dedicarlo como: EL HOSPITAL DE BELÉN.
            El hospital de Belén
            no tenía enfermeras
-para asistir a María,
que parió en la Nochebuena-
ni doctores, ni matronas,
ni sanitario ninguno.
Sólo una mula y un buey,
y San José de correturno.
El hospital de Belén
no tenía una auxiliar
para lavar a ese niño
que ha nacido en el portal,
Ni toallas, ni pañales,
ni colonia, ni jabón.
Sólo una mula y un buey
y José de celador.
El hospital de Belén
tiene un pesebre sencillo
para acostar a los niños
que nacen en el pasillo;
no hay un jefe de servicio,
ni un director, ni un gerente;
sólo una mula y un buey
y en la puerta un residente.
El alcalde de Belén
no tiene secretaría,
ni un parte de nacimiento
para el niño de María.
No tiene un ordenador
ni una pluma, ni un tintero,
sólo una mula y un buey,
y José de recadero.
El hospital de Belén
no tiene supervisores,
ni pases de permanencia
para los buenos pastores.
Y, por no tener, no tiene
guardia de seguridad;
sólo una mula y un buey
y José de capitán.
El hospital de Belén
no tiene una limpiadora,
pero siempre está más limpio
que la purísima aurora.
No tiene lavandería,
ni cocina, ni alimentos;
sólo una mula y un buey,
y José en mantenimiento.
El hospital de Belén
no tiene mantas de lana
para abrigar a María
que parió en la madrugada.
Ni tiene calefacción,
ni Zantac, ni Seguril;
sólo una mula y un buey,
y San José haciendo el MIR.
El hospital de Belén
tiene una gran crisis,
le han llegado los recortes
y lo pasarán de narices.
No tiene camas vacías,
ni enfermos, ni moriscos,
sólo una mula y un buey
y San José dando brincos.
El hospital de Belén
no tiene, no necesita,
una capilla con velas
ni una pila de agua bendita.
Que Dios mismo ha preferido,
para nacer, un portal;
sólo una mula y un buey,
y José con felicidad.

Muchas gracias.
          

Hno. José Ramón Pérez Acosta

Las Palmas de Gran Canaria, 30 de noviembre de 2012
En la Casa de Colón
           
  

  


 

jueves, 8 de diciembre de 2011

PREGON DE NAVIDAD 2011

PREGÓN NAVIDAD
 DE
LAS PALMAS
 2011


(Casa de Colón, de Las Palmas de Gran Canaria,
Miércoles 7 de Diciembre)





Antonio Cruz Domínguez
Periodista
eHijo Predilecto de Gran Canaria
 
 



Señoras y Señores
Es para mi un honor, que al mismo tiempo me produce enorme satisfacción y alegría, hablar desde la tribuna de esta ilustre y venerada Casa de Colón, institución cultural situada en el corazón del barrio histórico de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, centro público adscrito a la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de Gran Canaria, e inaugurado en el año 1951 –por lo que estamos en el sexuagésimo aniversario de  su vida- cuyo ámbito se centra en el estudio, investigación y difusión de la historia de Canarias y de sus relaciones con América, y en cursos, seminarios, exposiciones, proyecciones, conciertos, conferencias, y, en el caso de hoy, en vocentro del pregón de la Navidad de Las Palmas de Gran Canaria, cuya responsabilidad recae en mi modesta persona tras ser invitado por la Asociación  de Belenistas Canarios San Juan de Dios.
Agradezco a su Presidente –don Vicente Antonio Díaz Melián- la invitación a tener este pregón, y también sus gentiles palabras de bienvenida y aprecio con las que me ha acogido.
 Muchas ciudades del Norte, Centro y Sur de Europa, como de las América del Norte y Sur se engalanan estos días de luces, estrellitas, abetos… Nos significan que hace más de dos mil años comenzó a contarse la historia nueva del mundo

Festejamos la Navidad y tratamos de representar su sentido; pero, sobre todo en las últimas décadas, a través de símbolos que la tergiversan. Comienza ya la temporada de regalos y compras. Ese momento del año en el que, en ocasiones, prima la belleza sobre la funcionalidad, el exterior sobre el interior (en todos los aspectos), el gasto sobre el detalle

Que conste, y lo digo con todos los respetos, que nada me preocupa la presencia y persistencia de Papá Noel, Santa Claus y demás competidores de los Reyes Magos, porque los Reyes siempre serán los Reyes mientras los ayuntamientos sigan permitiendo la celebración de cabalgatas –y en el caso concreto de Las Palmas de Gran Canaria la  Casa de Galicia mantenga su organización-. Pero muy pocas personas ponen en duda –además con preocupación- que la Navidad año a año se desvía cada vez más de su origen primigenio. Incluso algunos «christmas» se limitan a un «Felices fiestas», omitiendo «de Navidad»… Contemplamos que los exteriores, e interiores, de los Grandes Almacenes han llegado a vestir la Navidad  de Harry Potter… Hay otras tiendas que, por falta de atención a los símbolos y valores comunes, han ido más lejos aún. Abundan escaparates o rincones llenos de cartas de los niños a Papa Noel, precisamente en unas tierras como las nuestras que nunca fueron visitadas por Papá Noel ni tuvieron noticias de Santa Claus, y sin embargo no aparecen –o lo hacen en apariencia- cartas a los Reyes Magos, a los que desde siempre escribieron nuestros abuelos, nuestros padres y madres, nosotros mismos y después nuestros hijos y nietos…… Los Reyes Magos son la referencia unívoca de la Navidad en todas las ciudades (Madrid, Barcelona, París, Oslo, Buenos Aires, o en las Islas Canarias) Si los nórdicos no colocan belenes, es problema suyo, y no seremos nosotros quienes maltratemos su tradición criticándolos. Pero es que, aún respetándola, Santa Klaus no deja de ser un remedo, una imitación; como Papa Noel es una invención ajena a la tradición y a la realidad navideña, desde luego muy distinta de la nuestra

La Navidad tradicional, la de los primeros cristianos que recibían con alborozo la buena nueva, es decir, la llegada de un ser prodigioso por tierras de Judea, en una aldea llamada Belén, asombró a los artistas de todas las épocas. La imaginación y la técnica de cada uno, unido a su espíritu más o menos religioso, pero fieles a la interpretación de un misterio  profetizado por Isaías y confirmado por Juan Bautista en el río Jordán, hicieron de este momento crucial sus más grandes trabajos, las mejores obras de arte esparcidas por conventos, monasterios, iglesias, catedrales y museos del mundo. El nacimiento del redentor en una cueva, donde solamente había paja para una vaca y un buey, fue el sitio escogido por el que sería Rey de Reyes, y adorado por los humildes pastores y los reyes magos del Oriente. Temas humanos y divinos para los maestros de las Artes de todos los tiempos.

Navidad significa venida, llegada después de un compás de espera, que la iglesia llama Adviento, etapa litúrgica que estamos viviendo… «Nos han quitado el Adviento. Ya es Navidad para el mundo comercial», acaba de lamentar el obispo de Ciudad Real, monseñor Antonio Algora. «La fiebre de las fiestas anticipadas y las posibles ventas que provoca la palabra Navidad han borrado del mapa social este tiempo de gracia que, para los católicos, es el Adviento», critica el prelado, quien recuerda que estas cuatro semanas prenavideñas son «para llevar a cabo un programa en el que abunde la oración, la penitencia y el compromiso caritativo y social».
Adviento es sinónimo de espera, Navidad lo es de esperanza. Toda la Iglesia dirige su mirada a Aquel que viene. Abrimos los ojos para descubrirlo en la comunidad y en los pobres; en la celebración y en la vida; en los sacramentos y en nuestros ambientes. Él nos sigue visitando. Un año más, "Salimos a su encuentro", lo sabemos, lo sentimos y lo celebramos.
De aquí que Navidad sea el verdadero encuentro con la familia y la amistad, con derroche de afecto y amor. Porque Navidad es un renacer de la humanidad con buenos deseos de comprensión, de perdón, de hacer votos fervientes por todo lo que signifique paz, amor, fraternidad, prosperidad, hermandad… Queremos que lo que tenemos dentro del corazón, los propósitos se cumplan todos y cada uno… La Navidad no es un árbol adornado con luces multicolores y regalos y nosotros ser o mostrarnos mejores esos días y hasta abrazarte con los demás. ¡No!. La Navidad, la verdadera venida de Cristo a la Tierra, hace más de 20 siglos en Belén de Judá, profetizada por sabios y reyes es mucho más. Es llegar a las fibras más sensibles de la persona humana.
El belén, también llamado nacimiento, pesebre, portal o pasitos en los diferentes países y regiones de habla hispana, es la representación plástica del nacimiento de Jesucristo, que se suele exponer durante la Navidad en hogares, iglesias y muchos centros públicos, como escuelas, organismos oficiales, comercios, etc. La construcción y exhibición de belenes forma parte de la liturgia navideña en muchas partes del mundo, especialmente en la tradición católica. La primera celebración navideña en la que se montó un belén para la conmemoración del nacimiento de Jesucristo fue en la Nochebuena de 1223 –se cumplen ahora 788 años- realizado por San Francisco de Asís, en una cueva próxima a la ermita de Greccio (Italia). La escena del nacimiento de Cristo no fue representada con figuritas y miniaturas de objetos cotidianos, como hacemos actualmente, ni con personas, aunque para la ocasión San Francisco sí utilizó animales. Se celebró la misa nocturna acompañada de una representación simbólica de la escena del nacimiento, mediante un pesebre (sin niño) con el buey y la mula, basándose en la tradición cristiana y los Evangelios apócrifos, así como en la lectura de Isaías: "Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne" (Is. 1,3). Estos animales ya aparecen en el pesebre del siglo IV, descubierto en las catacumbas de la Basílica de San Sebastián de Roma, en el último tercio del S- XIX. El montaje de los belenes por Navidad se consolidó como tradición en el S. XIV en la península itálica y fue pasando al resto de Europa, en un principio como práctica eclesiástica, posteriormente aristocrática y finalmente popular. Sucedió de esta forma en España, ya que cuando a mediados del siglo XVIII el rey Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España, promovió la difusión de los nacimientos entre la aristocracia española, llegando posteriormente a la práctica popular en la toda España y en América.
Hasta que en el siglo XIX apareció el arte  del belenismo, que en general se practica a través de Asociaciones Belenistas

La Navidad en Canarias siempre ha ocupado una parte muy importante en sus fiestas y tradiciones. Todos los pueblos, hasta los más pequeños, conmemoran el Nacimiento de Jesús. Misas de la luz, coros de villancicos, rancho de ánimas, misa del gallo de arraigo popular (aunque cada vez se adelanta más en su horario…). Para entender, conocer y vivir a través del pensamiento la Navidad en nuestra isla de Gran Canaria es de obligada y aconsejada consulta el libro de don José Miguel Alzola “La Navidad en Gran Canaria”, obra editada por El Museo Canario en 1982 y que yo aconsejaría sirviera de tradicional y obligado regalo por estas fechas a niños y jóvenes de nuestra Isla… Particularmente puedo afirmar que, hasta el momento, es lo más completo que sobre estas solemnidades navideñas se ha escrito y publicado (sin olvidar tampoco a otros cronistas y periodistas que nos han dejado documentadas referencias sobre el particular en publicaciones y crónicas de antaño)

Hasta la década de los años 50 y comienzos de los 60, en cada casa canaria había un nacimiento; se hacía el Nacimiento. De mayor o menor valor artístico, pero todos coincidían en la “cueva” con el misterio, San José, la Virgen, el Niño, la vaca y el buey, los Reyes Magos en sus camellos, el molino junto al estanque, el río de platina de chocolate, las casitas de corcho o de cartón, la adoración de los pastores, con el ángel en lo alto de la cueva que anunciaba “Gloria a Dios en la Tierra”.

El “nacimiento” dio rienda suelta a los artistas, que los hubo abundantes y de extraordinaria categoría en Gran Canaria... De las iglesias pasó a los hogares, y hubo tiempo en que en todos o en casi todos los hogares cristianos se levantaban esos pequeños y admirables monumentos de la fe y de la piedad que llamamos Nacimientos o Belenes. Ante ellos se reunía la familia y cantaban villancicos y comentaban y admiraban la sublime escena del Portal de Belén.

Los había de auténtica solera en los que se trabajaba desde mucho antes del Adviento, incluso desde finales de primavera o iniciado el verano… como el de don José Rodríguez Iglesias, en su domicilio, frente al Cuartel de San Francisco. Es, sin duda, el mejor. Don José Rodríguez fue el primero que comenzó a utilizar el corcho como motivo ornamental de ríos, valles y montañas (le ayudaba su esposa y el electricista don Antonio Cabrera Iglesias). En un principio el Belén lo hacía en el que fue su primer domicilio, en la calle Sor Brígida, hasta que pasó a General Bravo, del que se tienen noticias que se estuvo realizando y exhibiendo hasta el año 1942. Ocupaba toda una amplia habitación y ofrecía una armoniosa perspectiva, variedad de escenas pastoriles, con un fondo admirable del Portal en el que aparecía como un trozo de la gloria celestial. Tenía escenas muy bien logradas, como la de la aparición del Ángel a los pastores y las que se refieren a la vida pagana, digámoslo así, de aquellos días en los alrededores de Belén. Exento de anacronismos, refleja la dirección de personas de tan buen gusto como el señor Iglesias y el señor Monzón, técnico de la obra. Es costumbre antigua en esta cristiana familia.

El de don Eliseo Ojeda Armas, en su domicilio, Rabadán, 8. merece asimismo los mayores elogios, ofreciendo la particularidad que tenía en uno de sus ángulos una perfecta reproducción de una ciudad egipcia a la que se veía llegar la Sagrada Familia en su huida a Egipto y animaba con música desde un antíguo gramófono a través de discos de vinilo de 78 revoluciones por minuto….

En cierta ocasión, el propio don Eliseo Ojeda nos dijo que trabajaba en su Nacimiento con plena pasión y sumo gusto en recuerdo a una hermana suya que había fallecido y que en su memoria realizaba la obra desde hacía muchos años… Recuerdo que gran parte de las figuras y casitas que había en él eran obra del propio don Eliseo señor Ojeda, muy perfecta, por cierto, y exenta en conjunto de anacronismos… Eran figuras encargadas y compradas en la Península, otras manufacturadas, en una obra que comenzaba cada año sobre finales del mes de junio.

Recordamos también el Nacimiento de la familia Alzola, en su domicilio de la Calle  Peregrina. Era un magnífico Nacimiento, con abundantes figuras muy hermosas y variadas. Este Belén resultaba más ingenuo que los anteriores, y quizá en ello estribaba el mayor encanto que producía al verlo y contemplarlo, porque –según nos describió e cierta ocasión don Sebastián Jiménez Sánchez- este detalle de la ingenuidad era algo inherente a la construcción de los Nacimientos, toda vez que ingenuos y sencillos fueron los pastores que acudieron los primeros a adorar al Niño Jesús. “Cabía, por tanto, ser sencillos y ofrecer un hermoso conjunto de la inmemorable escena”, nos puntualizaba don Chano Jiménez. Tal ocurría en el Belén de los señores Alzola y en el de la Catequesis de la parroquia de San Francisco, dirigida por el jesuita Padre Murugarri. Este Belén de la Catequesis fue sido realizado con gran acierto por doña Estrella Blanco y las señoritas Encarnación González, Rosario Guerra, Catalina Azopardo y María Ponce Blanco, con decorados originales de Santiago Santana, el celebrado decorador teatral. Perfecto, como todos los anteriores, constituye la demostración viva de lo que hemos dicho.

Prestigiosos tratadistas de los nacimientos de Las Palmas de Gran Canaria nos ponderan los de don Antonio González, don Rafael Bello, Lectoral don José Feo Ramos o don Alfonso Morales (en su casa de la calle Doctor Chil, esquina a Reloj).

Este pregonero que les habla no puede obviar, en manera alguna, los belenes que contempló en su infancia galdarense, como los de las hermanas Delgado, doña Margarita Pérez (que incluso confeccionaba figuras con verguillas y ella misma las vestía con delicados ropajes…), el de Juan Bosco Molina, el de las hermanas Ruiz….. Y en las Palmas de Gran Canaria los que montaban doña Amparo Montesdeoca en el amplio patio de su colegio Santa Teresita del Niño Jesús; o los de don José Espino Moreno, párroco de la Sagrada Familia en Alcaravaneras, que montaba y exhibía en un amplio local de la calle Italia esquina a León y Castillo, frente a la playa de las Alcaravaneras.... Y otros muchos y muchos nacimientos que permanecen en nuestra memoria y que sería prolijo enumerarlos… El Nacimiento se abría al público y se iluminaba el día de Nochebuena –con la cunita del Niño Jesús vacía- La cena familiar comenzaba sobre las diez de la noche; para acudir toda la familia a la celebración de la Misa del Gallo, a las 12 (entonces el ayuno eucarístico rera muy riguroso: a partir de las 12 de la noche hasta el momento de la comunión no se podía comer absolutamente nada; ni siquiera beber agua… Recuerdo la anécdota de mi inocencia infantil que no comprendía como a la hora y media o dos horas de cenar la cena de Nochebuena, podíamos comulgar….; lo que nos aclaró el bueno del hermano Muro, venerable lego del Corazón de María…..)

Los comienzos de los 60 del pasado siglo hubo una recesión… El cambio de costumbres propiciada por la irrupción del turismo, hizo cambiar la tradición. Irrumpió el árbol de Navidad…. Se perdió la tradición española –y, sobre todo, la tradición canaria…. del Nacimiento-… No obstante se mantuvieron algunos y surgieron otros con belleza de trascendencia mediática: (el Belén canario de San Gregorio de Telde –con 41 años de historia-, el de los Hermanos de San Juan de Dios, el Parque de San Telmo, el Belén de Hiperdino de Miller Bajo, en el que cada escena la inundan personajes enraizados en la más pura iconografía tradicional de los canarios, singularizada con la chispa artística de su autor, el prestigioso belenista José Manuel Gutiérrez  –por cierto, invito a todos que visiten el de este año. Se intensificó la representación, a manera de autos sacramentales, de Belenes Vivientes (La Cardonera de Veneguera, en el municipio de Mogán, redivivo y revivido, con el tesón y trabajo de sus vecinos, después del terrible incendio de hace dos veranos…; el de la villa de Agüimes, Gáldar –con los tradicionales autos de los Reyes Magos…-, últimamente el Belén de Arena en las Canteras, que ha tenido repercusión nacional e internacional, a través de su reproducción gráfica en portadas de revistas y periódicos….

Afortunadamente empieza a revivirse la costumbre del  nacimiento tradicional en las familias, asociaciones de vecinos, que aprovechan estos tiempos de Navidad para compartir una actividad diferente, como el de la asociación de vecinos Jesús de Nazaret de El Polvorín, cuyos trabajos de preparación comienza en el mes de junio…. ; o en el barrio de La Milagrosa, donde ya es famoso el de Lorenzo  Rodríguez que el pasado año montó un Nacimiento de 12 metros cuadrados de superficie en los bajos de su casa….

Una misión de renovada tradición que se debe, en encomiable labor desde hace más de tres años a la Asociación Regional de Belenistas Canarios San Juan de Dios, que ha propiciado que visitar los belenes en la capital grancanaria es "una costumbre que no desaparece con el paso del tiempo".

Pero no quiero terminar sin aludir al mensaje de los Obispos Españoles para esta Navidad, con el lema “Cualquier gesto pueda ayudar a hacer más visible el verdadero sentido de la Navidad”. Adornar las casas y balcones con símbolos cristianos y ser más solidarios, sobre todo ahora que la crisis ha dejado en el paro a cinco millones de españoles, son algunas de las iniciativas que, en medio de un ambiente «cada vez más pagano y consumista», proponen los prelados en sus cartas pastorales de las últimas semanas con motivo del inicio del Adviento. Quieren impulsar a los cristianos a manifestar que el tiempo de Navidad «es un momento para recordar y festejar el nacimiento del Niño Dios», que, con el paso de los años, la casi nula presencia de los típicos símbolos cristianos de la Navidad en las calles y edificios de las principales ciudades de nuestro país ha logrado ir adormeciendo el verdadero sentido de esta fiesta eminentemente religiosa y, sobre todo, en momentos en los que desde algunos sectores se a convertir a estos símbolos en la piedra de toque para la confrontación y el desgaste de la convivencia. En realidad, el relativismo se expresa en la nada, de la misma forma que el cristianismo se expresa en la cruz y en el belén. El gran engaño consiste en confundir el vacío interior con la neutralidad.

Pero no se trata sólo de la ausencia de los símbolos que forman parte también de la tradición y el acervo cultural de un país, sino de los valores que ellos representan. Los dos grandes signos del cristianismo son humildes y austeros: la Cruz y el Niño en un pesebre. ¡Qué lejos estamos de la simbología ampulosa y fascinante con la que se expresa la cultura secularizada y materialista!.

Es doloroso constatar que las situaciones de pobreza, de riesgo, de no respeto de los derechos van creciendo: el paro en Canarias en un elevadísimo porcentaje, la situación de tantos jóvenes de16 a18 años sin respuesta; la dificultad de hacer un proceso de autonomía real —por el piso, el  trabajo…—; el fracaso escolar; la rotura de tantas familias; los retos de los jóvenes inmigrantes, muchos sin futuro ni horizontes… En esta circunstancia de precariedad económica que estamos atravesando hay que centrarse en el mensaje que nos transmite la Sagrada Familia de Belén, desde el Nacimiento –una familia, Jesús, José y María, que también conoció circunstancias parecidas a las que hoy viven cientos de familias canarias- y dar un vuelco a nuestros corazones, desde la frialdad de nuestras mentes, para que nos fortalezcan en la caridad con todos aquellos que más necesitan de nuestra atención y generosidad.

Habrá que arreglar la casa, pensar en los menús de estos días, el ambiente llama  a consumir… Ajustemos nuestros gustos y deseos a los de la Persona de Jesús Niño, que nace humilde y pobre en una cueva de Belén y la noche del 25 de diciembre debe renacer en nuestros corazones. Se nos pueden haber llenado demasiado los armarios de ropa, las despensas rebosas de comidas, alimentos, bebidas y golosinas… Para recibir al Señor, no necesitamos tanto y Él andaba con lo puesto, y en esta Navidad de 2011 más de un 30 por ciento de los canarios pasan auténtica hambre y necesidad, y muchos de ellos sufren tristeza y soledad… Para cada uno de ellos también nació Jesús. ¡Que cada uno de nosotros reflexione y obre en consecuencia! ¡¡Feliz Navidad!!
            
Las Palmas de Gran Canaria 7 de diciembre de 2011

Antonio Cruz Domínguez







Papá Noel
El viejecito de ropas rojas y barba blanca que vemos en vísperas de Navidad en los shoppings de todo el mundo, se ha convertido en ícono cultural de la sociedad de consumo del tercer milenio. El sonriente personaje, que encanta a los niños, fue forjado a lo largo de los últimos diecisiete siglos, basado en la historia de un obispo que vivió en el siglo IV.
La ciudad de Mira, en el antiguo reino de Licia, actual territorio de Turquía, tuvo un prelado llamado Nicolás, célebre por la generosidad que mostró con los niños y con los pobres, y que fue perseguido y encarcelado por el emperador Diocleciano. Con la llegada de Constantino al trono de Bizancio —ciudad que con él se llamó Constantinopla—, Nicolás quedó en libertad y pudo participar en el Concilio de Nicea (325). A su muerte fue canonizado por la Iglesia católica con el nombre de san Nicolás.
Surgieron entonces innúmeras leyendas sobre milagros realizados por el santo en beneficio de los pobres y de los desamparados. Durante los primeros siglos después de su muerte, san Nicolás se tornó patrono de Rusia y de Grecia, así como de incontables sociedades benéficas y, también, de los niños, de las jóvenes solteras, de los marineros, de los mercaderes y de los prestamistas. Ya desde el siglo VI, se habían venido erigiendo numerosas iglesias dedicadas al santo, pero esta tendencia quedó interrumpida con la Reforma, cuando el culto a san Nicolás desapareció de toda la Europa protestante, excepto de Holanda, donde se lo llamaba Sinterklaas (una forma de san Nicolás en neerlandés).
En Holanda la leyenda de Sinterklaas se fusionó con antiguas historias nórdicas sobre un mítico mago que andaba en un trineo tirado por renos, que premiaba con regalos a los niños buenos y castigaba a los que se portaban mal.
En el siglo XI, mercaderes italianos que pasaban por Mira robaron reliquias de san Nicolás y las llevaron a Bari, con lo que esa ciudad italiana, donde el santo nunca había puesto los pies, se convirtió en centro de devoción y peregrinaje, al punto de que hoy es conocido como san Nicolás de Bari.
En el siglo XVII, emigrantes holandeses llevaron la tradición de Sinterklaas a los Estados Unidos, cuyos habitantes anglófonos adaptaron el nombre a Santa Claus, más fácil de pronunciar para ellos, y crearon una nueva leyenda, que acabó de cristalizar en el siglo XIX, sobre un anciano alegre y bonachón que en Navidad recorre el mundo en su trineo, distribuyendo regalos.
En los Estados Unidos, Santa Claus se convirtió rápidamente en símbolo de la Navidad, en estímulo de las fantasías infantiles y, sobre todo, en ícono del comercio de regalos navideños, que anualmente moviliza miles de millones de dólares.
Esta tradición no demoró en cruzar nuevamente el Atlántico, ahora remozada, y en extenderse hacia varios países europeos, en algunos de los cuales Santa Claus cambió otras vez de nombre. En el Reino Unido se le llamó Father Christmas (papá Navidad); en Francia fue traducido a Père Noël (con el mismo significado), nombre del cual los españoles tradujeron sólo la mitad, para adoptar Papá Noel, que se extendió rápidamente a América Latina.

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